El atleta nervense Samu Delgado, que convive desde hace años con un doble trasplante pulmonar, ha participado este pasado fin de semana en el Reto Mulhacén N1303K, una iniciativa organizada por el Grupo Alpino Espeleológico Lucentino (GAEL) para acompañar a Rocío Pérez en uno de los desafíos más importantes de su vida: alcanzar la cima del Mulhacén, el pico más alto de la Península Ibérica, con 3.478 metros de altitud. Lamentablemente, Rocío no pudo hacer cumbre porque iba muy justa y decidió parar, una decisión muy acertada porque arriba el fuerte viento y el gran desnivel positivo le hubiera pasado factura.
Rocío Pérez convive con la fibrosis quística, la misma enfermedad que años atrás provocó que Samu Delgado necesitara un doble trasplante de pulmón. La ascensión se convirtió así en un símbolo de superación personal, esfuerzo compartido y apoyo mutuo, demostrando cómo la práctica deportiva y el compañerismo pueden convertirse en una herramienta para dar visibilidad a esta enfermedad.
La participación del deportista nervense surgió de forma espontánea. Samu conoció la iniciativa a través de las redes sociales y no dudó en ponerse en contacto con Rocío para transmitirle su deseo de acompañarla durante el reto. La respuesta fue inmediata, ya que Rocío le confesó que “sería un honor” contar con él en la expedición, conocedora de su trayectoria deportiva y del ejemplo de superación que representa tras su trasplante.
El nombre de la iniciativa, N1303K, hace referencia a una mutación del gen CFTR, cuya alteración provoca la fibrosis quística. Con esta denominación, los organizadores buscan dar visibilidad a la investigación y concienciar sobre una enfermedad genética que afecta principalmente al sistema respiratorio y digestivo, al tiempo que ponen el foco en las personas que conviven con ella y en los avances que permiten mejorar su calidad de vida.

Más allá del objetivo deportivo de alcanzar la cumbre del Mulhacén, el reto se planteó como una experiencia colectiva en la que la montaña sirvió de escenario para compartir valores como la solidaridad, la perseverancia y la capacidad de superación. La presencia de Samu Delgado junto a Rocío Pérez reforzó el mensaje de esperanza que ambos transmiten con sus respectivas historias, evidenciando que, con preparación, apoyo y determinación, es posible afrontar desafíos que trascienden el ámbito deportivo.
Para Rocío Pérez, el reto representa mucho más que alcanzar una cumbre. Durante los últimos años ha convertido el deporte en una herramienta para desafiar los límites que le imponía la enfermedad, completando pruebas de gran exigencia como la 101 de Ronda en bicicleta eléctrica o la ascensión a puertos emblemáticos del ciclismo europeo como el Tourmalet, el Mont Ventoux o el Stelvio. "Siempre he sentido la necesidad de superarme y de rebelarme, de alguna forma, contra la enfermedad", explica.

La llegada del tratamiento con Kaftrio marcó un punto de inflexión en su vida. Tras años esperando un medicamento que no estaba indicado inicialmente para su mutación genética, pudo acceder a él por uso compasivo después de agotar todas las alternativas terapéuticas. Aunque la medicación mejoró notablemente su capacidad respiratoria, también tuvo que afrontar un duro proceso de adaptación emocional al comprobar que no podía recuperar de inmediato la actividad física que tanto echaba de menos. "Hubo un momento en el que tuve que reconstruirme y volver a creer que podía hacer cosas. Dejé de pensar en lo que había perdido para centrarme en todo lo que todavía podía conseguir", aclara.
Fue entonces cuando descubrió el senderismo de la mano del Grupo Alpino Espeleológico Lucentino. Adaptando el ritmo de las rutas a sus posibilidades, comenzó a recuperar la confianza hasta que surgió la propuesta de ascender el Mulhacén. "Mi capacidad pulmonar ronda el 40 %, así que sé que tendré que parar muchas veces y dosificar cada paso, especialmente por la altitud. Pero quiero comprobar hasta dónde puedo llegar y romper esa barrera mental que muchas veces nos ponemos nosotros mismos", afirma.
La deportista reconoce que el principal reto durante la ascensión no fue únicamente el desnivel, sino gestionar el esfuerzo físico durante varias horas. La hidratación, la alimentación y la adaptación a la altitud son algunos de los aspectos que más le preocupaban antes de iniciar la subida, consciente de que durante buena parte del recorrido tendría que concentrar todas sus fuerzas en respirar. Aun así, afrontó el desafío con ilusión y tratando de mantener la mente centrada en el objetivo, sin dejarse vencer por los miedos.

La participación de Samu Delgado añadió un componente especialmente simbólico a esta experiencia. Rocío reconoce que compartir la cima con una persona que hoy vive gracias a un trasplante pulmonar supone un motivo de inspiración y un ejemplo del valor de la donación de órganos. "Me ha hecho muchísima ilusión verlo allí arriba. Representa todo lo que significa seguir viviendo gracias a la solidaridad de tantas personas", señala.

Más allá del reto deportivo, la iniciativa ha servido para poner el foco sobre la fibrosis quística y sobre los avances médicos que están cambiando la vida de muchas personas afectadas por esta enfermedad. Una jornada en la que el compañerismo, el esfuerzo compartido y la montaña se convirtieron en el escenario de una historia de superación protagonizada por dos personas unidas por una misma enfermedad y por la convicción de que, paso a paso, siempre es posible llegar un poco más lejos.