Nerva vuelve a las fosas para mirar de frente a 90 años de Memoria

por Alexis Esteban López / 26 de Agosto de 2026 / Publicado en Cuenca Minera, Nerva

Noventa años después, Nerva volvió a detenerse ante sus heridas. El 26 de agosto, las Fosas Comunes del Cementerio Municipal, reconocidas como Lugar de Memoria Histórica de Andalucía, se convirtieron en el escenario de un homenaje a quienes perdieron la vida y sufrieron la represión tras la entrada de las tropas fascistas en la localidad.

El paso del tiempo no borró el silencio del lugar. Ante las fosas, familiares, representantes de colectivos memorialistas, organizaciones sindicales y responsables municipales participaron en un acto marcado por el respeto y la emoción. Noventa años después, el recuerdo volvió a ocupar el espacio público para reivindicar la dignidad de las víctimas y mantener viva una memoria que durante décadas permaneció ligada al ámbito familiar.

El homenaje estuvo conducido por Juan Carlos Domínguez Cerrato, concejal de Memoria Democrática del Ayuntamiento de Nerva, y reunió a distintas voces vinculadas a la recuperación y preservación de la memoria histórica. Fernando Pineda, presidente de la Asociación Memoria Histórica de la Provincia de Huelva; Francisco Gutiérrez, secretario general de UGT Huelva; José Esteban Garrido, presidente de la Coordinadora de Memoria Histórica de Andalucía; y el alcalde de Nerva, Josema Domínguez, intervinieron durante una jornada concebida como un ejercicio colectivo de recuerdo.

Pero fue la voz de una descendiente la que puso rostro al paso de las generaciones. María Pozo, bisnieta del doctor Cristóbal Roncero, tomó la palabra para recuperar el recuerdo familiar y compartir una memoria heredada. Su intervención evocó no solo la historia de su bisabuelo, sino también la de tantas familias nervenses que han conservado durante décadas los nombres, las historias y el sufrimiento de quienes padecieron la represión.

El doctor Cristóbal Roncero fue asesinado en el paraje del Puente Nuevo, cerca de Valverde del Camino, junto a los vecinos de Nerva Manuel Morales Lancha y Antonio Pérez Quinta. Sus restos, como los de tantos otros represaliados, continúan sin ser localizados.

En las fosas del cementerio nervense, sin embargo, la historia ha podido recuperar nombres y restos. Allí fueron exhumadas 266 personas, asesinadas y arrojadas a estas zanjas tras la represión. Sus restos permanecen actualmente en cajas en un depósito municipal, una circunstancia que se convirtió en una de las principales reivindicaciones expresadas durante la jornada.

Para esta conmemoración, los grupos políticos PSOE, XNerva e Izquierda Unida redactaron un manifiesto en el que reivindicaron el carácter del 26 de agosto como una fecha fundamental para la memoria democrática del municipio.

El documento sitúa aquel 26 de agosto de 1936 como el comienzo de uno de los episodios más dolorosos de la historia de Nerva y recuerda que la represión alcanzó a cientos de vecinos de la localidad y de la Cuenca Minera. El texto insiste en que el homenaje no nace del rencor ni de la venganza, sino del deber de recordar a quienes sufrieron la violencia por defender la libertad y los valores democráticos.

Pone especialmente el foco en las 266 víctimas cuyos restos fueron recuperados de las fosas comunes y reivindica la necesidad de que su memoria permanezca vinculada a un lugar digno. En este sentido, reclaman al Gobierno de España que se habiliten los mecanismos necesarios para construir en el cementerio un monumento y un columbario que permita custodiar y honrar los restos con la dignidad que, según recoge el documento, merecen las víctimas.

La petición adquiere una dimensión especial al tratarse de las primeras fosas declaradas Lugar de Memoria Histórica por la Junta de Andalucía en la provincia de Huelva.

El texto también conecta el recuerdo del pasado con el presente. Sus autores advierten del peligro que, a su juicio, representan el auge de discursos reaccionarios, ultraderechistas y neofascistas, y defienden la necesidad de proteger los valores democráticos, los derechos humanos y las libertades. La memoria, sostienen, no debe entenderse únicamente como una mirada hacia atrás, sino como una herramienta para impedir que la intolerancia y la violencia vuelvan a abrirse camino.

En sus páginas aparece también el recuerdo de las madres, viudas e hijos que durante décadas conservaron en silencio la memoria de los represaliados. Un silencio que, generación tras generación, fue dejando paso a la recuperación pública de sus nombres y de sus historias.

El manifiesto convierte así la memoria en una responsabilidad colectiva. Sus autores defienden que recordar a las víctimas significa también transmitir a las nuevas generaciones la historia de Nerva y el valor de quienes sufrieron la represión.

El documento concluye con una reivindicación que resume el espíritu de la jornada: memoria, verdad, justicia y reparación. Y lo hace reclamando que las víctimas recuperadas de las fosas puedan descansar definitivamente en un espacio digno y reconocido.

La música acompañó también el homenaje. Gustavo Obermeller y Susana Falcón pusieron sonido a una ceremonia en la que las palabras dieron paso finalmente a uno de los momentos más simbólicos de la jornada: la ofrenda floral ante las Fosas Comunes.

Las flores quedaron depositadas como gesto de respeto y reconocimiento. Un acto sencillo, pero cargado de significado, que volvió a situar a las víctimas en el centro de la memoria colectiva de Nerva.

Noventa años después de aquel agosto de 1936, el municipio minero volvió a mirar hacia el lugar donde permanecen parte de las huellas de aquella represión. Lo hizo acompañado por familiares, asociaciones, sindicatos, representantes políticos y vecinos, pero también por una nueva generación que recibe una historia que durante demasiado tiempo permaneció enterrada.

En las Fosas Comunes de Nerva, el pasado volvió a hacerse presente. Esta vez, acompañado de nombres, palabras, música y flores, pero sobre todo, de una voluntad expresada durante el homenaje, que aquellos 266 hombres y mujeres no vuelvan a ser víctimas del olvido.

 

MANIFIESTO NERVA 26 DE AGOSTO DE 2026

 

Hoy, hace exactamente 90 años, a estas mismas horas se estaba comenzando a escribir, con la sangre y el sufrimiento de cientos de nervenses inocentes, la página más triste y  dolorosa de nuestra historia.

Esa tarde del 26 de agosto de 1936, el fascismo más traidor, cobarde y  asesino empezaba a desgarrar y martirizar a nuestro pueblo de la manera más cruel, sádica y cobarde que pudiéramos imaginar tras el golpe de estado, del 18 de julio, perpetrado y fallido por los militares golpistas y traidores a la II República y a España.

Buenas tardes

Quiero expresar, antes de nada, mi más sincero agradecimiento a todas y todos por estar presentes hoy en este acto de memoria, junto a las que fueron las fosas comunes de este cementerio, que albergaron durante más de 8 décadas los cuerpos de 266 mujeres y hombres de esta comarca. Vuestra asistencia es muy importante para no olvidar nunca el pasado de este pueblo, para honrar a las víctimas y a los familiares que luchan por encontrar sus restos y darles digna sepultura, para reflexionar sobre la historia de esta tierra y defender siempre los valores de la paz, la democracia, de la justicia y de la verdad.  Vuestra presencia demuestra el compromiso de esta tierra con la dignidad y el recuerdo.

No nos convoca hoy el rencor ni el deseo de venganza, ni la tan manida “necesidad de remover huesos” o “reabrir viejas heridas”. Más bien al contrario; este encuentro nace del deber moral de honrar la memoria de quienes sufrieron la represión por defender la libertad: la suya propia, la de sus hijos, la que ahora disfrutamos sus nietos, sus bisnietos, a veces sin ser conscientes del precio que los que nos precedieron tuvieron que pagar por ella. Estamos aquí porque recordar la historia de nuestra tierra (y digo “nuestra” porque también la siento mía) es el camino indispensable para garantizar que el horror no se vuelva a repetir. Estamos aquí por amor, porque nosotros también amamos a nuestros hijos, amamos a nuestros nietos, a los que tenemos o a los que vendrán: queremos un futuro digno y libre para ellos.

Me gustaría comenzar por expresar mi más profunda admiración y el enorme respeto que siento por cada uno de los 266 seres humanos que se exhumaron de estas fosas junto a las que nos encontramos, asesinados junto a las verjas de este cementerio y arrojados a estas zanjas para hacerlos desaparecer para siempre. Les arrebataron la vida por negarse a vivir en un mundo injusto, oscuro. A cada uno de ellos lo siento como mío y cada uno duele en el alma.

Muchos otros vecinos de Nerva fueron fusilados en otros municipios de la comarca, entre ellos mi propio bisabuelo, el Dr. Cristóbal Roncero Piñero, a quien asesinaron en el llamado paraje del Puente Nuevo, muy cerca de Valverde del Camino, junto a dos vecinos más de Nerva: Manuel Morales Lancha y Antonio Pérez Quinta. Aunque aún no hemos encontrado sus restos, seguiremos buscando siempre. Porque a pesar de todo, no lograron su propósito, no pudieron eliminarlos, siguen vivos en nuestra memoria y en nuestras almas, por eso estamos aquí hoy. Gracias, gracias por negaros a olvidarlos.

En “El Holocausto español”, el historiador Paul Preston cifra en unas 150.000 víctimas mortales de la represión fascista durante la guerra y la inmediata posguerra. Unos 20.000 republicanos fueron ejecutados tras el final de la contienda, a los que añade muchos más fallecidos por hambre, enfermedades, trabajos forzados y las condiciones de las cárceles franquistas. Muchos continúan nueve décadas después en cunetas y fosas comunes.

Nueve décadas después, las asociaciones memorialistas siguen reclamando verdad, justicia y reparación para las víctimas de la dictadura, así como la localización de las personas desaparecidas y la retirada de los vestigios de exaltación del franquismo que todavía permanecen en algunos espacios públicos.

En tiempos en los que la democracia y las libertades se encuentran amenazadas por la sombra renovada del fascismo es especialmente importante mostrar públicamente y hoy volvemos a hacerlo,  el rechazo a formas de intolerancia, a la vez que reafirmamos nuestro  compromiso con las diversidades políticas y rechazamos firmemente los intentos por restringir derechos e imponer ideas y obligaciones que anulen los derechos fundamentales. 

Para todos los y las nervenses y compañeros y compañeras de otros lugares que nos acompañan y con los que compartimos alma e ideas progresistas y democráticas,  conmemorar desde una perspectiva antifascista un aniversario como el del 26 de agosto de 1936 es una oportunidad incomparable para afirmar el compromiso que debe tener toda sociedad democrática y avanzada con la paz y los derechos humanos.

Hoy, 26 de agosto de 2026, DÍA LOCAL DE LA MEMORIA EN NERVA, nos reunimos en esta tierra minera para conmemorar una fecha que quedó marcada a fuego y sangre en el alma de Nerva. Han pasado 90 años desde aquel fatídico día de 1936 en que las columnas del ejército sublevado rompieron la vida de tantos nervenses, quebraron la legalidad democrática de la Segunda República e irrumpieron en el pueblo para desatar las páginas más oscuras, violentas y dolorosas de nuestra historia.

Nerva no fue un escenario cualquiera. Nerva, forjado en el esfuerzo de la mina, en la fraternidad de sus vecinos y en las luchas de los sindicatos obreros por la dignidad de los trabajadores, encarnaba los valores de una sociedad que soñaba con la cultura, la educación y la igualdad de oportunidades. Precisamente por eso, la represión aquí fue especialmente feroz, despiadada, y se instauró la ley del “castigo ejemplarizante”. Se buscó arrancar de raíz la identidad de un pueblo luchador, rebelde y solidario.

Como muy bien escribía no hace mucho nuestro amigo, compañero y maestro Juan Miguel Batalloso Navas en el manifiesto que se leyó el pasado 19 de julio en Camas con motivo del aniversario de los acontecimientos de la Columna Minera de Riotinto:  

“No podemos olvidar y No queremos olvidar. El sacrificio de tantas víctimas inocentes a manos de la crueldad fascista no  nos  pertenece  para  guardarlo  en  un  cajón:  nos  obliga.  

En su recuerdo y  recogiendo  su testimonio, no podemos cerrar los ojos ante el peligro que representan hoy las fuerzas reaccionarias, ultraderechistas y neofascistas que crecen en  España  y en toda Europa.  

Fuerzas  que,  en  connivencia  y  alianza  con  el  Partido  Popular, gobiernan  ya  Comunidades   y  se  afanan,  allí  donde  mandan,  en sustituir la legítima  Ley  de Memoria Democrática de 2022 por falsas y vergonzosas «leyes de concordia» que, en el fondo, no buscan reconciliar, sino reescribir la historia, blanquear a los verdugos y volver a humillar a las víctimas. Y aquí, en nuestra Andalucía, vaciando poco a poco de contenido la Ley de Memoria Democrática de 2017, recortando su financiación, paralizando y obstaculizando su desarrollo, se está consumando una derogación de hecho, callada y cobarde.

Durante décadas, en nuestra Villa, en nuestra tierra  se impuso, cruel e inhumanamente, el miedo y el silencio, con la intención de sepultar el recuerdo de los cientos de nervenses que fueron fusilados, igual que se sepultaron sus cuerpos. Se asesinó, se encarceló, se torturó y se forzó al exilio a muchísimos vecinos de la Cuenca Minera. Se intentó borrar sus nombres de la historia oficial. Pero no pudieron borrar el recuerdo invisible de las madres, las viudas y los hijos, que sigue vivo tanto tiempo después, latiendo en nuestras sienes, las de todos los que estamos hoy aquí. Y ese recuerdo, antes callado, ahora se ha roto para siempre y grita junto a estas fosas. Las hemos convertido en Lugar de Memoria Histórica, pero sobre todo en lugar de dignidad humana. Cada cuerpo recuperado aquí, cada objeto hallado, es un triunfo de la luz sobre la barbarie y una victoria de la verdad sobre el olvido.

Noventa años después, este manifiesto es un canto al futuro. Recordamos esta fecha para que la intolerancia y el odio no vuelvan a ganarnos terreno, para que nuestros hijos no olviden que la democracia no es un logro irreversible, sino un camino que se defiende cada día, especialmente en estos tiempos en que resurgen discursos que pretenden blanquear el fascismo y deslegitimar los avances sociales que tanto ha costado conquistar. Es nuestra responsabilidad colectiva transmitirles la historia real de su pueblo, para que crezcan orgullosos de ser los descendientes de hombres y mujeres valientes que soñaron con un mundo más justo y dieron hasta la vida por hacerlo realidad.

Finalmente reclamamos y exigimos al Gobierno de España, ante las fosas comunes del cementerio de Nerva, primer lugar de Memoria Histórica declarado por la Junta de Andalucía en la provincia de Huelva, que se arbitren los mecanismos necesarios para que en este lugar se pueda, más pronto que tarde, erigir un monumento y columbario que, con la dignidad merecida,  permita honrar debidamente y con el máximo respeto a las 266 victimas cuyos restos aún permanecen en cajas en un depósito municipal, después de haber sido rescatados de las fosas comunes, y a las que hoy, noventa años después, manifestamos nuevamente que “vuestro compromiso y sacrificio nunca será olvidado y que no permitiremos que vuestra memoria halle otro camino que no sea el de la verdad y la justicia.

El viento de la historia empujará eternamente vuestro ejemplo acompañando en su lucha  a los defensores de la libertad y la democracia. Vuestro recuerdo vive en nuestros corazones. 

Por los que cayeron defendiendo la libertad, por todas las familias que guardan en su corazón su memoria y los aman incluso sin haberlos conocido nunca, por un futuro lleno de justicia y democracia para nuestras hijas e hijos, por un mundo sin fascismo.

 

¡¡ MEMORIA, VERDAD, JUSTICIA Y REPARACIÓN!!

¡¡ VIVA LA REPÚBLICA!!

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