Abel Calero, de Nerva a Berrocal: una vida entre colmenas y un compromiso firme con el mundo rural

por Juan Antonio Hipólito Domínguez / 22 de Octubre de 2026 / Publicado en Cuenca Minera

El campo es la oficina de Abel Calero Domínguez. Entre las colmenas que cuida en la sierra de Berrocal, este apicultor de raíces nervenses desarrolla un oficio al que permanece ligado desde la infancia y que hoy representa mucho más que una actividad económica: una forma de vida vinculada al territorio y al futuro del mundo rural. En la entrevista concedida a Onda Minera, comparte las particularidades de la apicultura, las dificultades de mantener un pequeño negocio en un municipio rural y su experiencia como edil en el Ayuntamiento de Berrocal, donde participa en la gestión municipal a través de la agrupación ‘Crea Pueblo’. Su testimonio también nos ha permitido conocer el impacto del último incendio forestal en su explotación y, especialmente, en la de su padre, que ha sufrido pérdidas mucho más importantes.


La relación de Calero con las abejas comenzó cuando tenía unos 12 o 13 años y ayudaba a su padre durante los veranos en las tareas de extracción de miel. Aunque estudió fotografía en Huelva, al dejar esos estudios se trasladó a vivir a Berrocal y encontró en la apicultura el oficio que había aprendido desde niño.

Desde 2005 desarrolla su propia actividad, que comenzó con apenas diez colmenas cedidas por su padre y ha ido creciendo hasta alcanzar unas 200. Su padre continúa también dedicado a la apicultura, aunque se encuentra a un paso de la jubilación.

Calero define la profesión como un aprendizaje permanente y considera fundamental aprender directamente en el campo, junto a personas con experiencia, y continuar investigando para adaptarse a los cambios y a las enfermedades que afectan a las abejas. “Es un oficio en el que nunca se deja de aprender”, explica. 

Además, la actividad apícola tiene un calendario marcado por las estaciones: la reproducción de las colmenas comienza en febrero, la recogida del polen llega en primavera y la cosecha de miel se desarrolla a partir de mayo. Durante el otoño y el invierno, el trabajo continúa con la alimentación de las colonias, la limpieza, la desinfección y el mantenimiento del material.

 

 

Dar valor a la miel para sostener el negocio

Una de las principales apuestas de Calero ha sido controlar todas las fases del proceso, desde el cuidado de las colmenas hasta la extracción, el envasado y la comercialización de la miel bajo su propia marca. El apicultor considera que vender directamente al consumidor permite dar mayor valor al producto y evitar que el precio dependa exclusivamente de quienes compran la miel a granel. Para él, disponer de una marca y una etiqueta propias supone también una forma de reivindicar el trabajo que hay detrás de cada tarro.

No obstante, emprender en este sector requiere una inversión considerable. Contar con un vehículo adecuado, una sala de extracción y unas instalaciones para el envasado son algunos de los requisitos que dificultan los comienzos. A ello se suma la mortalidad de las abejas y la incertidumbre que acompaña a una actividad estrechamente ligada a las condiciones ambientales.

Con unas 200 colmenas, reconoce que resulta complicado vivir exclusivamente de la apicultura. Por eso, la comercialización directa y la diferenciación del producto adquieren especial importancia para la viabilidad de las pequeñas explotaciones.

La miel de su marca, Sierras de Berrocal, refleja también la diversidad del entorno natural. El cantueso, el madroño, distintas variedades de brezo y el eucalipto forman parte de la flora que aprovechan sus abejas. La composición de la miel puede variar según el asentamiento de las colmenas y las condiciones de cada campaña, especialmente las lluvias y la floración.

El incendio ha afectado también a las explotaciones apícolas

El incendio forestal del pasado verano originado en Niebla que terminó por afectar en gran medida a Berrocal, calcinando prácticamente su término municipal, a excepción del núcleo urbano, ha supuesto un nuevo golpe para la apicultura de la zona. 

En el caso de Calero, el fuego quemó doce colmenas, a las que se sumaron otras doce que murieron posteriormente. En total, perdió 24 de sus aproximadamente 200 colmenas. El impacto ha sido mucho mayor para su padre, que ha perdido alrededor de 250 de las 400 colmenas que tenía, más de la mitad de su explotación.

Las cifras reflejan las consecuencias que un incendio puede tener sobre actividades económicas que dependen directamente del monte y de sus recursos naturales. La recuperación no consiste únicamente en reponer las colmenas perdidas: también implica reconstruir una actividad que requiere tiempo, inversión y unas condiciones ambientales favorables.

Durante la conversación, Calero señala otros problemas que amenazan al sector, como la sequía, el cambio climático, las enfermedades que afectan a las abejas y el uso de productos tóxicos en determinados cultivos. También ha advertido de la necesidad de seguir adaptando los tratamientos frente a la varroa, un ácaro que debilita las colonias. Pero a su juicio, el cambio climático constituye uno de los grandes desafíos a largo plazo, por sus efectos sobre las lluvias, la floración y la disponibilidad de recursos para las abejas.

 

 

Divulgar la apicultura a través de internet

La actividad de Calero no termina en el campo. Durante la pandemia puso en marcha el canal de YouTube Sierras de Berrocal, que nació con la intención de dar a conocer su marca y acercar su trabajo a los clientes, pero que fue despertando también el interés de personas que querían aprender sobre apicultura. En la actualidad cuenta con más de 8.000 suscriptores.

A través de sus vídeos, cuyas visualizaciones se cuentan por miles, explica con un lenguaje espontáneo y coloquial diferentes aspectos del oficio, desde el manejo de las colmenas hasta la producción de miel y los problemas que afectan a las abejas.

Esta faceta divulgativa le permite compartir conocimientos adquiridos durante años de experiencia y acercar una actividad tradicional a un público que, de otro modo, quizá no tendría contacto directo con ella.

De las colmenas al Ayuntamiento de Berrocal

Además de apicultor, Calero forma parte del equipo de gobierno del Ayuntamiento de Berrocal por ‘Crea Pueblo’, una agrupación con la que se implicó en la política municipal tras las elecciones de 2023. Su decisión estuvo relacionada con la preocupación por el futuro del municipio. Cuando comenzó el mandato municipal la escuela contaba con solo tres niños y se encontraba cerca de cerrar. La posibilidad de que Berrocal perdiera servicios esenciales y capacidad para mantener población fue uno de los motivos que le llevaron a dar el paso: “Me he metido en esto porque creo que se debe hacer algo por el pueblo antes de que llegue a un punto de no retorno”, afirma.

Compaginar la responsabilidad municipal con la apicultura y la vida familiar supone un esfuerzo añadido. Sin embargo, considera necesario seguir trabajando para que el municipio resulte atractivo para sus vecinos y para quienes quieran desarrollar allí su proyecto de vida.

Entre las iniciativas que ha destacado figura la puesta en marcha de un centro de interpretación vinculado al turismo, un proyecto que, según explicó durante la entrevista, llevaba alrededor de veinte años pendiente y que el equipo de gobierno espera abrir a comienzos de 2027.

Tras el incendio, Calero ha señalado que la recuperación del municipio y la búsqueda de alternativas económicas exigirán tiempo. Aunque las administraciones están trabajando en distintas actuaciones, considera que sus resultados no serán inmediatos.

Que el futuro de los hijos también esté en el pueblo

La conversación concluye con una reflexión que resume el sentido de su compromiso con Berrocal. Padre de dos niños pequeños, Calero desea que sus hijos puedan encontrar en el municipio oportunidades para construir su futuro, pero entiende que esa posibilidad depende de las condiciones que sea capaz de ofrecer el pueblo: “Quiero que para mis hijos lo mejor y quiero que lo mejor esté en Berrocal también”, subraya.

Desde las colmenas hasta el Ayuntamiento, Abel Calero representa una forma de implicación con el territorio que combina trabajo, emprendimiento y responsabilidad pública. Una apuesta por el mundo rural que, como recuerda su experiencia, necesita algo más que voluntad individual: requiere condiciones que permitan vivir y trabajar en los pueblos sin tener que marcharse para encontrar un futuro mejor fuera de ellos.

Su mensaje conecta la continuidad de la apicultura con un desafío más amplio: mantener vivos los pueblos, generar actividad económica y garantizar servicios y oportunidades para las nuevas generaciones.

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