En un pequeño taller de la calle Argentina de Nerva, entre telas, espumas, herramientas y muebles que esperan una segunda vida, Germán Bellido mantiene vivo un oficio artesanal cada vez menos habitual. Al frente de Tapicería Bellido, lleva más de 30 años dedicado a una profesión que ha evolucionado con el tiempo, pero que sigue dependiendo de la experiencia, la paciencia y la destreza de quien trabaja con sus manos. La Emisora Municipal Onda Minera RTV se ha acercado a su taller para conocer la historia de este profesional, descubrir los entresijos de la tapicería y reflexionar sobre el futuro de los oficios tradicionales en los municipios de la comarca.
La relación de Germán con esta actividad comenzó en 1990, después de explorar otros caminos profesionales. Había terminado sus estudios de Formación Profesional de segundo grado en Electricidad en 1986 y trabajado como electricista, monitor escolar y en una empresa subcontratada de Telefónica. Sin embargo, buscaba una forma de trabajar que le permitiera desarrollar su propia iniciativa y organizarse con mayor autonomía.
La tapicería tampoco le resultaba completamente ajena. Su padre dominaba diferentes trabajos artesanales, desde la pintura y la colocación de papel pintado y moquetas hasta el tapizado de muebles. Germán recuerda aquellos años de infancia en los que lo observaba trabajar y, en ocasiones, le echaba una mano. Aunque entonces no imaginaba que acabaría dedicándose a aquella actividad, con el tiempo encontró en ella su camino profesional.
Unos años después, en torno a 1995, decidió dar el paso y apostar por el negocio propio, aprovechando las ayudas al autoempleo disponibles en aquella época. Comenzaba así una trayectoria marcada por el aprendizaje práctico y la búsqueda constante de soluciones.
Aprender desmontando y volviendo a montar
Germán reconoce que su formación en tapicería ha sido fundamentalmente autodidacta. Sin una formación especializada a la que recurrir en sus comienzos, aprendió desmontando sofás y sillones para comprender cómo estaban construidos, consultando los escasos libros que encontraba y, sobre todo, mediante la práctica, el ensayo y el error.
“Esto se aprende con práctica, práctica, práctica”, explica durante la entrevista. Una forma de aprendizaje que le ha permitido ampliar progresivamente sus conocimientos hasta asumir el proceso completo de cada encargo: desmontar el mueble, tomar medidas, preparar las plantillas, cortar y coser las telas y volver a montar todas las piezas.
Su trabajo abarca mucho más que el tapizado de sillas, sofás y sillones. A lo largo de los años ha restaurado muebles clásicos, trabajado con asientos de vehículos antiguos, motocicletas y embarcaciones, y ampliado su actividad a la confección y reparación de toldos. También mantiene una relación profesional de larga duración con entidades como el hospital y Aspromin.
Entre los encargos que recuerda destaca la restauración de un sofá de estilo Chesterfield acompañado de dos butacas, un trabajo especialmente laborioso que exigió colocar y ajustar más de 500 botones. Pero quizá la anécdota más singular sea la confección de una especie de faja para una vaca, destinada a impedir que su ternero pudiera mamar. Un encargo tan poco habitual como revelador de la capacidad de adaptación que ha necesitado desarrollar a lo largo de su trayectoria.
Un oficio que también ha cambiado
Aunque las herramientas básicas de la tapicería mantienen buena parte de su esencia, los materiales y los productos que llegan al taller han evolucionado considerablemente. Las espumas actuales han sustituido a antiguos rellenos vegetales y otros materiales, mientras que los tejidos incorporan características que obligan a utilizar técnicas específicas de corte, costura y acabado.
También los muebles presentan nuevas complicaciones. Algunos sillones reclinables incorporan mecanismos eléctricos, sensores, sistemas de masaje y elementos calefactables que obligan al tapicero a manejar conocimientos de otras disciplinas. En el caso de Germán, sus estudios de electricidad le han servido como punto de partida para afrontar algunos de estos trabajos.
La experiencia, sin embargo, sigue siendo fundamental. Cada tejido exige un tratamiento diferente y, en ocasiones, detalles aparentemente pequeños, como mantener la misma dirección del pelo de la tela o hacer coincidir correctamente sus dibujos, determinan el resultado final.
Germán también conoce las dificultades económicas de mantener un pequeño negocio artesanal. La necesidad de ofrecer precios competitivos, asumir los gastos de la actividad y atender las obligaciones administrativas condiciona el tiempo y la rentabilidad de los encargos. En un mercado en el que los muebles nuevos compiten con la reparación, el trabajo manual debe encontrar el equilibrio entre el coste para el cliente y las horas de dedicación que requiere cada pieza.
A pesar de ello, asegura que actualmente no le falta trabajo y que buena parte de su clientela llega gracias al boca a boca. Sus encargos proceden principalmente de Nerva y Minas de Riotinto, además de otras localidades de la provincia, aunque con los años ha ido ajustando el radio de desplazamiento para poder atender el taller.
El futuro de Tapicería Bellido, una incógnita
La continuidad del negocio es una de las cuestiones que más llaman la atención durante la conversación. Germán calcula que le quedan alrededor de cinco años para jubilarse y reconoce que todavía no sabe qué ocurrirá entonces. La posibilidad de que su hijo se interese por la actividad existe, pero no hay una decisión tomada.
La situación plantea una pregunta que trasciende la historia de un solo establecimiento: ¿qué sucede cuando un oficio depende de una persona que ha acumulado durante décadas conocimientos difíciles de transmitir y no hay una sucesión asegurada?
En el caso de Nerva, la cuestión adquiere especial relevancia. Durante la entrevista se señala que Germán es el único tapicero de la Cuenca Minera, por lo que un eventual cierre sin relevo dejaría a los vecinos sin este servicio especializado en la comarca.
El propio protagonista reconoce que el futuro de estas profesiones resulta complicado. Mantener un negocio autónomo requiere asumir riesgos, hacer frente a los gastos y conseguir una clientela suficiente para sostener la actividad. Aun así, Germán tiene claro que trabajar por cuenta propia y poder completar cada encargo a su manera es lo que le ha permitido continuar durante tantos años.
Su historia es la de un profesional que encontró su camino a través de la experiencia y la perseverancia, que ha sabido adaptarse a los cambios y que continúa aprendiendo para dar respuesta a nuevos trabajos. También es un recordatorio del valor de los pequeños talleres que siguen formando parte de la vida cotidiana de nuestros pueblos.
Porque detrás de cada mueble recuperado hay horas de trabajo, conocimientos acumulados y una forma de hacer las cosas que no siempre resulta fácil sustituir. La continuidad de Tapicería Bellido sigue siendo una incógnita, pero la trayectoria de Germán permite comprender por qué conservar y transmitir los oficios artesanales es también una manera de preservar parte de la identidad de Nerva.